Nuestro Fundador |
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Padre Marie Dominique PHILIPPE, o.p.
Nació el 8 de septiembre de 1912. Testigo de la Luz, como Juan el Bautista, toda su vida la dedicó a buscar la verdad. Muchos de sus libros, en donde queda reflejado algo de esta búsqueda incesante, han sido publicados en varios países del mundo y en diversos idiomas. Fue filósofo, teólogo, conferencista, sacerdote, religioso, predicador, fundador de una familia religiosa. Durante toda su vida dio testimonio de trabajador incansable por el Reino de Dios. Su inteligencia privilegiada no le impidió alcanzar las más altas metas de amor; todo lo contrario: siempre supo darse a todos. Dócil al Espíritu Santo Paráclito, supo descubrir en la Palabra de Dios la fuente del amor. Así llegó a la verdad más importante y central de nuestra vida: “Dios es Amor” (1Jn 4, 8).
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Lo que lo caracterizaba particularmente es su amor y su entrega a Dios, su fidelidad a Cristo. Celebró sus 70 años de sacerdocio el 14 de julio de 2006, siempre con el mismo fervor. Quien lo veía alguna vez celebrar la misa quedaba admirado e impactado por la interioridad, la entrega, la fuerza, el respeto y el amor que manifestaba a la Eucaristía. Solía decir: “la medida del amor es la Eucaristía”. En la práctica del amor, de la misericordia con el pobre y el necesitado, llegó, en efecto, muy lejos: fue para muchos como un reflejo del amor misericordioso del Padre. El padre Marie-Dominique Philippe murió el 26 de agosto del 2006, a la edad de 93 años. Todos sus hijos espirituales pueden dar este testimonio: se entregó completamente. |
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Mensaje de Benedicto XVI al fundador de la Comunidad San Juan
¿Qué es adorar?
El Apóstol San Juan |
Mensaje de Benedicto XVI al fundador de la Comunidad de San Juan |
El padre Marie-Dominique Philippe cumple 70 años de sacerdocio.
ARS, jueves, 6 julio 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha dirigido un mensaje al padre Marie-Dominique Philippe, O.P., fundador de la Comunidad San Juan, para felicitarle por sus setenta años de sacerdocio.
La misiva fue leída el 30 de junio pasado, en Ars ( Francia), durante la concelebración que presidió el mismo fundador.
En su mensaje, el obispo de Roma se une «a la acción de gracias» del padre Philippe y ruega a Dios que haga fructificar «todo el bien que le ha sido otorgado realizar en la fidelidad a su sacerdocio».
Al término del mensaje el Santo Padre deseaba al religioso «que continúe su vida sacerdotal en la paz y la alegría de quien ha dejado todo por el Reino».
Al día siguiente, 1 de julio, fueron ordenados en Ars 14 sacerdotes y 8 diáconos de la Comunidad San Juan por el cardenal Franc Rodé, Prefecto de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
Después de haber sido recibido afectuosamente por el padre Jean-Pierre-Marie, prior general de los hermanos de San Juan, el cardenal Rodé recordaba a los ordenandos en su homilía: «Vuestra espiritualidad es la de San Juan, y vosotros ponéis toda vuestra vida religiosa y sacerdotal bajo su protección para vivir según su gracia y llevar a cabo hoy la obra misionera confiada por Jesús a la Iglesia».
«El amor de Juan os conduce naturalmente a María, venerada como vuestra Madre y vuestra Protectora --añadía el cardenal esloveno--. Vuestro fundador, el querido Padre Philippe -como le llamaba el Papa Benedicto XVI en febrero pasado, [con ocasión de la peregrinación de la Comunidad a Roma por sus 30 años] - no cesa de introduciros en el Misterio de María. Es ella el modelo de la vida consagrada y la Madre del sacerdocio».
Este año la Comunidad celebra los 30 años de la consagración a María de los primeros hermanos, el 8 de diciembre de 1975.
«Desde sus orígenes, la Comunidad San Juan se consagraba a María según la hermosa oración de San Luis María Grignion de Montfort, para una vida completamente entregada a Jesús, vida contemplativa de oración y de estudio, vida fraterna y pobre, en la obediencia religiosa. Es allí donde nació vuestra familia de hermanos y hermanas, apostólica y contemplativa, que crece y se extiende en el mundo para dar testimonio del Evangelio de Nuestro Señor, siguiendo a San Juan el Teólogo».
El Cardenal Franc Rodé hizo hincapié en la búsqueda de la verdad, vocación primera de la Comunidad fundada por el P. Marie-Dominique, o.p.:
«Conozco la importancia que tiene para vosotros la formación intelectual. Vuestra Regla de vida os obliga a ello --reconocía--. De esta manera sabréis renovar vuestra oración y alimentar vuestra contemplación, y vuestra predicación se enriquecerá con una comprensión cada vez más profunda del insondable misterio de Cristo».
«No os contentéis con lo que habéis recibido. Volved sin cesar a las Escrituras, enriqueceos con la lectura de los Padres, tened a San Tomás de Aquino como seguro guía y escudriñad sin cesar los signos de los tiempos para descubrir las respuestas que hay que dar a los enormes retos de la cultura en este principio del tercer milenio», subrayó.
Al terminar la ceremonia de ordenación, el padre Marie-Dominique dio las gracias al cardenal Rodé por su visita.
En su respuesta, el Cardenal quiso a su vez agradecer al sacerdote «lo que ha hecho por la Iglesia. De su corazón totalmente entregado al Señor y de su inteligencia abierta a la verdad, al Espíritu Santo, ha nacido una nueva comunidad en la Iglesia. Con su vigor, su juventud, su lozanía, que lleva la palabra del Evangelio a través del mundo. Padre Philippe, la Iglesia os está profundamente agradecida por lo que os debe, y os debe mucho».
La Comunidad de San Juan se compone de 930 hermanos (la mitad de los varones son sacerdotes o diáconos), hermanas contemplativas y hermanas de vida apostólica, así como de más de 3.000 oblatos laicos de más de 34 nacionalidades.
Presente en 21 países, la Familia de San Juan se encuentra organizada en 91 prioratos, de los cuales 48 están en Francia.
Los hermanos de San Juan han sido reconocidos como congregación religiosa, dependiente del obispo de Autun, diócesis en la que se encuentra la casa madre.
La comunidad surgió en 1976 cuando cinco jóvenes estudiantes de la Universidad de Friburgo (en Suiza) decidieron crear una comunidad en torno al padre Philippe, francés, que en esa época era catedrático. |
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Benedicto XVI da gracias a Dios por la vida del padre Marie-Dominique Philippe
CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 28 agosto 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha dado gracias a Dios en un mensaje por la vida del padre Marie-Dominique Philippe, O.P., fundador de la Familia de San Juan, al recibir la noticia de su fallecimiento, que tuvo lugar el 26 de agosto. El 8 de septiembre habría cumplido 94 años.
En un telegrama enviado en su nombre por el cardenal Angelo Sodano, el Papa «pide al Señor que acoja en su Reino a quien, durante muchos años, guió y formó a numerosas personas en la escuela de Cristo, en el espíritu del discípulo amado, arraigándoles en un amor profundo por la Iglesia y en la fidelidad al sucesor de Pedro».
El obispo de Roma «da gracias por la vida del padre Marie-Dominique, totalmente entregada al Señor y a sus hermanos, enraizada en la meditación de la Palabra de Dios, en la búsqueda de la contemplación apasionada de la verdad».
Benedicto XVI desea que «su testimonio infunda en todos los que él ha guiado el empuje necesario para que el Evangelio de Cristo siempre sea anunciado, acogido y vivido» y concluye ofreciendo su bendición apostólica a la Familia de San Juan.
Según ha explicado un comunicado emitido por la Comunidad de San Juan (www.stjean.com), el padre Marie-Dominique falleció serenamente en el priorato de Saint-Jodard (en Francia), rodeado de hijos e hijas de la Familia de San Juan. Su salud se había resentido gravemente tras un accidente vascular cerebral padecido el 20 de julio.
La misa de sus exequias será celebrada el sábado, 2 de septiembre, a las 10.30 en la catedral de Lyón por el arzobispo de esa ciudad, el cardenal Philippe Barbarin. En la tarde de ese día, será enterrado en el cementerio de Rimont, en la intimidad de la Familia de San Juan.
La Comunidad de San Juan se compone de 930 hermanos (la mitad de los varones son sacerdotes o diáconos), hermanas contemplativas y hermanas de vida apostólica, así como de más de 3.000 oblatos laicos de más de 34 nacionalidades.
Presente en 21 países, la Familia de San Juan se encuentra organizada en 91 prioratos, de los cuales 48 están en Francia.
Los hermanos de San Juan han sido reconocidos como congregación religiosa, dependiente del obispo de Autun, diócesis en la que se encuentra la casa madre.
El padre Marie-Dominique Philippe nació en Cysoing (Nord) el 8 de septiembre de 1912. Entró en la Orden de Santo Domingo en noviembre de 1930, en Amiens. Fue ordenado sacerdote en julio de 1936. Tras licenciarse en filosofía, presentó su tesis doctoral sobre «La sabiduría según Aristóteles»; después obtuvo su doctorado en teología.
Diplomado también en «Hautes-Etudes», en París, fue profesor de filosofía y teología en el Saulchoir d’ Etiolles (convento dominico de la Provincia de París) de 1939 a 1945 y de 1951 a 1962, y fue profesor de filosofía en la Universidad de Friburgo (Suiza) de 1945 a 1982.
Muy pronto en sus estudios el Padre Philippe sintió la necesidad de renovar la enseñanza filosófica y teológica; para ello, era preciso regresar a sus respectivas fuentes: la experiencia según la perspectiva de Aristóteles y la fe contemplativa tras los pasos de santo Tomás de Aquino y de san Juan, cuyos escritos lo marcaron profundamente y a los que se refería sin cesar.
Su búsqueda de la verdad, como él explicaba, está ordenada según las tres sabidurías: filosófica, teológica y mística.
Al lado de esta actividad de enseñanza universitaria, el sacerdote impartió, sobre todo en Francia y en Suiza, conferencias de filosofía y de teología en medios muy diversos (secretarías de sindicatos cristianos, empresarios, psicoanalistas, médicos, Asociaciones de Familias Cristianas, Renovación carismática, artistas, etc.).
También predicó en muchos monasterios (sobre todo de carmelitas, benedictinas y dominicas, y a la Familia monástica de Bethlem), en los Hogares de Caridad («Foyers de Charité»), principalmente en Chateauneuf-de-Galaure (durante casi 17 años predicó el retiro para los sacerdotes y los miembros del Hogar), en Senegal, Togo, Ruanda, etc., y a muchos grupos de jóvenes.
En Friburgo, en 1975, sin dejar de ser dominico, fundó la Comunidad de los Hermanos de San Juan a petición de algunos estudiantes franceses, y varios años después, la comunidad de las Hermanas contemplativas, luego la de las Hermanas apostólicas. A estas tres comunidades se añadieron numerosos laicos: los oblatos de San Juan. Todos forman una nueva familia espiritual en la Iglesia: la Familia San Juan.
En 1982, de vuelta en Francia, se consagró particularmente a la enseñanza de la filosofía y de la teología en las casas de formación de los Hermanos de San Juan en Rimont (Saône et Loire) y en Saint Jodard (Loire).
Por otro lado, como fundador y prior general, guió a la comunidad en su extraordinario crecimiento. Desde 1974 estaba unido por una profunda amistad con el cardenal Karol Wojtyla. A través de varios encuentros y cartas, Juan Pablo II siempre lo alentó en su búsqueda filosófica y en su misión en medio de los hermanos y hermanas de la Familia San Juan.
En el año 2001, la responsabilidad de prior general fue transmitida al padre Jean-Pierre-Marie.
El 30 de junio del año 2006, festejó el 70 aniversario de su ordenación sacerdotal en Ars. Al día siguiente, día de la ordenación sacerdotal y diaconal de los hermanos de San Juan, el cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, presente en la celebración, le entregó un vibrante mensaje de Benedicto XVI (Cf. Zenit, 6 de Julio de 2006).
Semanas más tarde, como consecuencia de un accidente vascular cerebral, el padre Philippe perdió el uso de la palabra.
«Permaneció en un gran silencio, esperando serenamente el encuentro con Aquél que tanto deseó conocer y dar a conocer», explica la comunidad en el mensaje enviado a Zenit. |
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¿Qué es adorar? |
Textos del padre M.D. Philippe sobre la adoración |
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La oración es un don de Dios: “Esta iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración; la actitud del hombre es siempre una respuesta” (CIC 2567). Pero si la oración es un don de Dios, ¿qué debo hacer yo?; ¿sólo esperar a que el Señor me dé la gracia de la oración? Lo que mejor podemos hacer para disponernos a recibir ese don de la oración, que viene de Dios, es adorar.
“Preparar nuestra oración es labrar la tierra para que pueda recibir la semilla; no es la meditación lo que prepara inmediatamente la oración, la preparación inmediata es la adoración”
“La adoración es la operación espiritual más profunda, más radical de una criatura espiritual; es la que la orienta más verdaderamente a la contemplación; y es también la que le permite desaparecer totalmente en el amor divino y esconderse en la presencia de Aquel que lo es todo para ella. La adoración le posibilita ser tan sólo un llamado hacia Aquel que es su Padre, entregándole todo para siempre (…) La criatura espiritual se abandona a Él sin saber por sí misma lo que Él desea, pero sabiendo que lo que Él desea es lo mejor para ella”.
“A través de la adoración redescubrimos la realidad y lo que somos, así como también el por qué de nuestros cuerpos. En la adoración, nuestra alma y nuestro cuerpo son ofrecidos a Dios; en la adoración reconocemos la presencia de Aquél que es el invisible, que nos trasciende infinitamente y que, sin embargo, nos abraza con suma ternura”.
“En la adoración me descubro dependiente de Dios y, al mismo tiempo, libre totalmente respecto a todos los otros seres humanos; porque en mi alma espiritual, creada por mi Padre, soy independiente de todos los demás, no dependo sino de Dios, mi Creador”.
“El acto de adoración nos hace comprender nuestra nada; más exactamente, nos hace reconocer que nuestra alma es creada actualmente por el Padre, por la Santísima Trinidad. Vivir de este acto creador, “tocar” en la fe este acto creador, es la adoración, es ponernos bajo la luz de la sabiduría del Creador y comprender que, por parte de Dios, el acto de la creación es eterno y que, por lo tanto, se realiza ahora.
Puedo descubrir, en este momento y a cada instante, el acto puramente gratuito de Dios que crea mi alma por amor y, de hecho, puedo vivir de él. De esta manera descubro que, por mí mismo, no soy nada y que estoy enteramente, en todo mi ser, entre las manos de Dios. Es la primera experiencia de mi pequeñez: una pequeñez totalmente relativa al acto creador de Dios y enteramente entregada a su amor, a su luz.
Por ello es tan importante hacer actos de adoración, y hay que aprender a hacerlos con Jesús: Él es el adorador del Padre por excelencia, el que hace de nosotros los adoradores “en espíritu y en verdad” que el Padre busca (Jn 4,23). Ello es el punto de partida de la educación divina, y nada podrá suprimirlo ni reemplazarlo”. |
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El Apóstol San Juan |
Preguntas al padre Philippe |
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¿Por qué el nombre de “San Juan” a la Comunidad?
Un día recibí un llamado de Roma, es decir de la Congregación para los Religiosos. Me pedían el nombre de esta nueva familia religiosa. No había pensado mucho en ello: cuando se está muy unido a algunos, no se piensa en darles un nombre, se vive con ellos. De cualquier forma respondí: “Bueno, ya que me piden que les dé un nombre, pues no veo otro que el de “San Juan” – “Ah, muy bien, muy bien”, y el asunto se terminó ahí. Después reflexioné mucho sobre esto, y comprendí que no había otro nombre posible.
Sin embargo, usted es dominico: ¿qué relación hay con el Apóstol Juan?
Para mí santo Domingo y san Juan están muy unidos. Siempre me ha gustado mucho ir de la Suma Teológica de Tomás de Aquino al Evangelio de san Juan: el Evangelio de san Juan nos hace vivir directamente el misterio de Jesús, y la Suma Teológica nos permite purificar nuestra imaginación y nuestra inteligencia, con el fin de que seamos más inteligentes para Jesús. Hay un lazo muy fuerte entre el aspecto doctrinal de santo Tomás de Aquino y san Juan; además, Juan es conocido como “el Teólogo” por los Orientales.
¿Es ésta la única razón que le condujo a san Juan?
No, porque no era tanto al teólogo a quien yo miraba, sino sobre todo al “discípulo amadísimo” (Jn 13, 23), el discípulo fiel. En nuestro mundo es tan difícil ser fiel. La palabra misma no tiene mucha cabida, se habla de fidelidades “sucesivas”… La fidelidad de Juan no es sucesiva, es la fidelidad en el amor, la más exigente, la que debe absorber toda nuestra vida. Lo que Jesús reclama hoy día a sus discípulos, a sus amigos, es una fidelidad que llegue hasta el fin: seguir al Cordero hasta la Cruz (cf. Ap. 14,4), viviendo de su misterio de Resurrección y de Gloria, fijando nuestra mirada sólo en Él, retrocediendo ante Él: todo eso significa verdaderamente para nosotros el nombre de san Juan.
¿Cuál es la manera propia al Apóstol Juan de contemplar el misterio de Cristo?
Consiste primeramente en un lazo muy particular con la Eucaristía: Juan es aquel que ha hablado de la manera la más sorprendente del misterio del “pan de vida” (Jn 6, 26-58) y es el único que nos transmite el lavatorio de los pies (Jn 13, 2-15), es decir, la purificación última del perdón, necesaria a cualquiera que desee acercarse a la Mesa Santa. La Eucaristía conduce a la Cruz, y san Juan es también el único discípulo fiel al pie de la Cruz. Allí vive el misterio de la compasión de María, porque está muy unido a Jesús y muy cerca de María. Sin embargo, Jesús quiere más: Él da María a Juan, quien la acoge “en su casa” (Jn 19, 27), es decir, en lo más profundo de su corazón. Así, Juan nos enseña a vivir en la fidelidad hasta la Cruz, viviéndola como María la vivió; en la fe, la esperanza y el amor. Porque a través de este misterio recibimos directamente de Jesús este último don suyo que es María: Jesús la confía a Juan para mostrarle cuánto lo ama y que le quiere dar todo, para que sea fiel y llegue hasta las últimas exigencias del amor divino. |
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