Comunidad de san Juan |
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Los hermanos de san Juan queremos vivir la misma amistad íntima con Jesús que el discípulo amado vivió. Tratamos de acoger y trasmitir lo más plenamente posible los secretos del corazón de Jesús que Juan recibió de manera tan profunda: la Eucaristía, María y la caridad fraterna. Para esto llevamos una vida fraterna de oración y búsqueda de la verdad según las 3 sabidurías (filosófica, teológica y mística) que compartimos en nuestros apostolados. |
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¿Qué es la Comunidad de san Juan? |
Tras buscar durante 10 años un lugar donde realizar plenamente nuestra misión en la diócesis, con la ayuda de Dios encontramos un lugar maravilloso, junto al Cerro de la Silla, en el municipio de Guadalupe; allí se construyó nuestro nuevo convento. El cambio de domicilio tuvo lugar en junio del 2002. El pasar de una casa pequeña en un lugar muy ruidoso, donde sólo cabía un reducido número de hermanos, a un convento muy grande en un lugar apartado y silencioso fue un gran giro para nuestra vida. Ello también reclamó, tristemente, el cese de algunas actividades que hasta ahora habíamos estado realizando, sobre todo en la Basílica de Guadalupe. |
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La Familia San Juan
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Puesto que la caridad fraterna está en el corazón de la enseñanza y de la vida del discípulo amadísimo – “Hijitos míos, no améis de palabra y de lengua, sino con actos y en verdad” (1Jn 3, 18) –, la Comunidad desea ser una verdadera familia. En efecto: con las hermanas, los oblatos y los laicos allegados a los prioratos, los hermanos de san Juan quieren vivir dentro de la Iglesia el mandamiento nuevo del amor: “Como el Padre me ha amado, Yo también os he amado. Permaneced en mi amor” (Jn 15, 9). Así, la presencia de las hermanas y la recepción de laicos en su vida de oración y de trabajo les permite reconocer más profundamente su vocación joánica.
LAS HERMANAS CONTEMPLATIVAS
La Comunidad de las hermanas contemplativas de San Juan fue fundada por el P. Marie-Dominique Philippe el 8 de diciembre de 1982, siete años después de la fundación de los Hermanos de San Juan, teniendo como meta el vivir una vida contemplativa. “Escondidas muy particularmente en Dios” por María y en Ella, las hermanas contemplativas guardan el fervor contemplativo de la Familia san Juan. El vivir radicalmente la atracción del Padre exige de ellas una caridad fraterna silenciosa, pero alegre, que dé testimonio de la victoria del amor ofrecida.
LAS HERMANAS APOSTÓLICAS DE SAN JUAN
Las Hermanas Apostólicas de San Juan quieren estar escondidas en Dios con Cristo por María y ser testigos a la vez del amor de Dios por los hombres de nuestro tiempo. Su apostolado comienza con el signo de su vida consagrada: la oración y el trabajo intelectual y manual. Asociadas a la vida apostólica de los hermanos de San Juan o en sus propios apostolados, se esfuerzan por estar atentas a las necesidades de la Iglesia.
LOS LAICOS Y LA COMUNIDAD
La Comunidad se abre al mundo a través de la formación filosófica y teológica que brinda, mas también acogiendo a numerosos laicos, que constituyen con ella una gran familia. Todos quieren, como san Juan, vivir más intensamente de su vínculo de fe, esperanza y amor con Cristo. Gracias a su cooperación, los laicos sostienen la vida contemplativa y aligeran la vida apostólica de los hermanos. Ellos se asocian a la vida de la Comunidad de múltiples maneras. Su primer vínculo con la Comunidad es por la oración. Algunos de ellos, deseosos de vivir la paternidad de San Juan, pero permaneciendo en el mundo, se comprometen en la oblatura secular. Están ligados al priorato de su elección, donde pueden tomarse tiempos de retiro. Los oblatos de San Juan quieren vivir plenamente su consagración bautismal en intimidad con María y en el espíritu de San Juan. Esta vida de consagración exige de ellos un compromiso de oración y caridad fraterna con los hermanos y hermanas. Tienen una influencia apostólica en el área de sus responsabilidades respectivas (familiares, parroquiales, sociales o políticas), permitiendo así a la Familia San Juan actuar más profundamente en el mundo.
El espíritu de la Familia San Juan une profundamente a todos sus miembros entre sí, pero dentro de esta familia existen diferentes maneras de vivir la paternidad de San Juan, preservando al mismo tiempo la unidad de corazón y alma que caracterizaba a las primeras comunidades cristianas (cf. Hechos 4,32).
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